¡Hola! ¡¿Qué tal estáis?
Pensad en qué es lo primero, primerísimo, que os viene a la cabeza cuando pensáis en literatura fantástica, qué es lo que os sugiere. Para mí, sería la magia y no me refiero solo al uso literal, lanzando hechizos, conjuros o maldiciones. Me refiero a una sensación evocadora, a ese ambiente extraordinario que crean los escritores, a esa mística que nace alrededor de todo el entramado de un mundo imaginado.

Lo que daría porque mi historia transmitiera esa sensación. Por el momento me he de conformar con que la magia esté presente de la forma más explícita. Es aquí, amigas, no podía ser de otra manera, donde vienen las dudas y los lloros. ¿No los echabais de menos?
Os preguntaréis el porqué de mis penas respecto a este tema.
—En absoluto. No podía importarnos menos.
Pues resulta que lo que yo pensaba que sería lo más sencillo, la magia: lanzar un rayo por aquí, crear un campo de fuerza por allá, lanzarle una bola de fuego a un kobodl… Se me ha complicado al tener que crear un sistema de magia. Es decir, poner límites, poner reglas, decidir cuándo, cómo, quién y dónde se puede usar. ¡Qué fastidio, yo quería que fuera libre!

Estoy de broma, pero no del todo. Es que me está costando decidir por dónde acotarla. Lo que iba a ser algo natural, desbocado e inexplicable, ahora ha de tener un porqué, tal vez un origen y alguna limitación. Comprendo por qué ha de ser así, lo de «lo hizo un mago» por toda explicación está muy pasado, pero sobre todo el que la magia esté bien delimitada, enriquece el mundo, la historia. Es algo así como las reglas de la física en el mundo real, están ahí las comprendamos o no (yo no, se me daba fatal la física).
Pero, me está costando horrores, ¿por qué es todo tan complicado? Bueno, en realidad la pregunta es: ¿por qué todo me resulta tan complicado?
—Porque eres un poco lela —susurra alguien cerca de mi oído.
He revisado blogs, libros y consejos varios acerca de la creación de un sistema mágico, de igual manera que lo hice para crear los personajes, las tramas, el ambiente… para que se adecue tanto a la historia como a mis capacidades, que ya sabemos que no son muchas.
He decidido intentar algo simple, con sus leyes y límites, pero simple, aunque no me termina de convencer. A mi cabeza no se le ha ocurrido nada mejor que jugar con los elementos naturales. Es muy típico, lo sé, si hubiera siquiera intentado algo complejo, lo más probable es que hubiese acabado enredándome de más, como me pasó con el tema religioso y metiéndome en un berenjenal del que no sabría salir (¡tarde!).
La verdad es que me está causando cierta frustración y he comenzado a entrar en contradicciones varias; es por culpa de esta cabeza que es incapaz de enlazar dos ideas. ¿Es demasiado sencillo? Si es así, ¿por qué me está costando tanto?
—¡Lelaaa!, ¡lelaaaa! —un eco lejano resuena.
Pero es que, además, tengo esa vocecita (la muy pesada) que dice que debería buscar algo más trabajado, que el tema de los elementos está tan usado, que ya no tiene gracia alguna, que es de principiante (¡es lo que soy!).
Entonces, ¿debería cambiarlo y hacer algo un poco más elaborado? Seguramente. Debería obligarme y poner a trabajar la neurona que me queda e intentar crear algo que, aunque no fuese único, no fuese tan tópico. ¡Pero es que no sé cómo!
Estoy pensando que para que alguien, si es que alguien lee esto, pueda darme su opinión, sería menester hablar un poco de cómo es la magia en la historia. Intentaré resumirlo sin contar demasiado, que hay que mantener el misterio.
- La magia es una esencia que está en todos lados y se basa en manipular los elementos naturales, aunque uso otra palabra para referirme a ellos.
- No todos pueden usar la magia. Se necesita la capacidad de sentirla y después aprender a usarla.
- Nadie nace sabiendo usarla. No existen los usos de magia accidentales. Se puede aprender en academias, o con tutores y maestros.
- No es necesariamente cosa de ricos, existen becas y otros métodos «gratuitos».
- Existe una superstición infundada: usar la magia acorta la vida, por eso la mayoría de la población no siente interés por usarla, aunque muchos podrían si aprendieran.
- Magos, hechiceros y druidas son los tres tipos básicos de «gente mágica», según cómo usen la magia. Cada uno de ellos tiene sus ventajas y sus límites. Hay algunos tipos más, pero usan los mismos principios y suelen usar una combinación de los tres tipos principales.
- Hay otro tipo que usa magia prohibida; a falta de un nombre mejor, lo llamo nigromante, solo hasta que se me ocurra otro. Para este he pensado que lo adecuado, ya que rompe con las leyes, es que también intente romper los límites, por supuesto, con sus respectivas consecuencias.
- La magia no puede revivir muertos, tampoco puede crear algo de la nada; debe haber un algo y convertirlo en otro algo. Tampoco se puede crear fuego (de forma mágica).
- En este mundo existen, además de los límites «naturales», leyes para limitar el uso y que los que la usan no tengan una ventaja sobre las personas que no la usan. Se aplican, por ejemplo, a juegos de azar, eventos deportivos y toda aquella actividad en la que haya que competir. Tampoco se puede usar para engañar, manipular o falsificar en cualquier actividad ejercida por cargos públicos, como ganar dinero o influencia de forma ilícita.
Esto es lo básico, no me atrevo a contar más, no es que guarde sorpresas increíbles nunca imaginadas, pero podría destripar parte de la historia si lo hago.
Aunque falten algunos datos, es evidente que es bastante sencillo; creo que para mis capacidades no está mal del todo. Es la parte de los elementos la que me chirría y que no sé cómo cambiar. Mi temor es que, si lo cambio, comience a embarullarlo todo y se convierta en un caos infinito del que no saque nada en claro.
Entonces, ¿debería dejarlo como está, cambiar lo de los elementos y rezar para no hacerme un lío, o comenzar de cero?
No sé si es que no me esfuerzo lo suficiente o qué es lo que ocurre, pero os aseguro que no doy más de mí. Ojalá hacer algo bien. En fin, voy a ver si consigo sacar algo en claro.
Hasta otro día.

