13 feb 2026

La magia esta en el aire

¡Hola! ¡¿Qué tal estáis?

Pensad en qué es lo primero, primerísimo, que os viene a la cabeza cuando pensáis en literatura fantástica, qué es lo que os sugiere. Para mí, sería la magia y no me refiero solo al uso literal, lanzando hechizos, conjuros o maldiciones. Me refiero a una sensación evocadora, a ese ambiente extraordinario que crean los escritores, a esa mística que nace alrededor de todo el entramado de un mundo imaginado.

 

Un claro del bosque con árboles altos dos niños vestids de magos y un par de mounstruos pequeños y adorables asomandose entre los troncos


Lo que daría porque mi historia transmitiera esa sensación. Por el momento me he de conformar con que la magia esté presente de la forma más explícita. Es aquí, amigas, no podía ser de otra manera, donde vienen las dudas y los lloros. ¿No los echabais de menos?

Os preguntaréis el porqué de mis penas respecto a este tema.

En absoluto. No podía importarnos menos.

Pues resulta que lo que yo pensaba que sería lo más sencillo, la magia: lanzar un rayo por aquí, crear un campo de fuerza por allá, lanzarle una bola de fuego a un kobodl… Se me ha complicado al tener que crear un sistema de magia. Es decir, poner límites, poner reglas, decidir cuándo, cómo, quién y dónde se puede usar. ¡Qué fastidio, yo quería que fuera libre!

 


Estoy de broma, pero no del todo. Es que me está costando decidir por dónde acotarla. Lo que iba a ser algo natural, desbocado e inexplicable, ahora ha de tener un porqué, tal vez un origen y alguna limitación. Comprendo por qué ha de ser así, lo de «lo hizo un mago» por toda explicación está muy pasado, pero sobre todo el que la magia esté bien delimitada, enriquece el mundo, la historia. Es algo así como las reglas de la física en el mundo real, están ahí las comprendamos o no (yo no, se me daba fatal la física).

Pero, me está costando horrores, ¿por qué es todo tan complicado? Bueno, en realidad la pregunta es: ¿por qué todo me resulta tan complicado? 

Porque eres un poco lela —susurra alguien cerca de mi oído.

He revisado blogs, libros y consejos varios acerca de la creación de un sistema mágico, de igual manera que lo hice para crear los personajes, las tramas, el ambiente… para que se adecue tanto a la historia como a mis capacidades, que ya sabemos que no son muchas. 

He decidido intentar algo simple, con sus leyes y límites, pero simple, aunque no me termina de convencer. A mi cabeza no se le ha ocurrido nada mejor que jugar con los elementos naturales. Es muy típico, lo sé, si hubiera siquiera intentado algo complejo, lo más probable es que hubiese acabado enredándome de más, como me pasó con el tema religioso y metiéndome en un berenjenal del que no sabría salir (¡tarde!).

La verdad es que me está causando cierta frustración y he comenzado a entrar en contradicciones varias; es por culpa de esta cabeza que es incapaz de enlazar dos ideas. ¿Es demasiado sencillo? Si es así, ¿por qué me está costando tanto? 

¡Lelaaa!, ¡lelaaaa! —un eco lejano resuena.

Pero es que, además, tengo esa vocecita (la muy pesada) que dice que debería buscar algo más trabajado, que el tema de los elementos está tan usado, que ya no tiene gracia alguna, que es de principiante (¡es lo que soy!). 

Entonces, ¿debería cambiarlo y hacer algo un poco más elaborado? Seguramente. Debería obligarme y poner a trabajar la neurona que me queda e intentar crear algo que, aunque no fuese único, no fuese tan tópico. ¡Pero es que no sé cómo!

Estoy pensando que para que alguien, si es que alguien lee esto, pueda darme su opinión, sería menester hablar un poco de cómo es la magia en la historia. Intentaré resumirlo sin contar demasiado, que hay que mantener el misterio. 

  • La magia es una esencia que está en todos lados y se basa en manipular los elementos naturales, aunque uso otra palabra para referirme a ellos.
  • No todos pueden usar la magia. Se necesita la capacidad de sentirla y después aprender a usarla. 
  • Nadie nace sabiendo usarla. No existen los usos de magia accidentales. Se puede aprender en academias, o con tutores y maestros. 
  • No es necesariamente cosa de ricos, existen becas y otros métodos «gratuitos».
  • Existe una superstición infundada: usar la magia acorta la vida, por eso la mayoría de la población no siente interés por usarla, aunque muchos podrían si aprendieran. 
  • Magos, hechiceros y druidas son los tres tipos básicos de «gente mágica», según cómo usen la magia. Cada uno de ellos tiene sus ventajas y sus límites. Hay algunos tipos más, pero usan los mismos principios y suelen usar una combinación de los tres tipos principales.
  • Hay otro tipo que usa magia prohibida; a falta de un nombre mejor, lo llamo nigromante, solo hasta que se me ocurra otro. Para este he pensado que lo adecuado, ya que rompe con las leyes, es que también intente romper los límites, por supuesto, con sus respectivas consecuencias. 
  • La magia no puede revivir muertos, tampoco puede crear algo de la nada; debe haber un algo y convertirlo en otro algo. Tampoco se puede crear fuego (de forma mágica).
  • En este mundo existen, además de los límites «naturales», leyes para limitar el uso y que los que la usan no tengan una ventaja sobre las personas que no la usan. Se aplican, por ejemplo, a juegos de azar, eventos deportivos y toda aquella actividad en la que haya que competir. Tampoco se puede usar para engañar, manipular o falsificar en cualquier actividad ejercida por cargos públicos, como ganar dinero o influencia de forma ilícita.

Esto es lo básico, no me atrevo a contar más, no es que guarde sorpresas increíbles nunca imaginadas, pero podría destripar parte de la historia si lo hago.

Aunque falten algunos datos, es evidente que es bastante sencillo; creo que para mis capacidades no está mal del todo. Es la parte de los elementos la que me chirría y que no sé cómo cambiar. Mi temor es que, si lo cambio, comience a embarullarlo todo y se convierta en un caos infinito del que no saque nada en claro. 

Entonces, ¿debería dejarlo como está, cambiar lo de los elementos y rezar para no hacerme un lío, o comenzar de cero?

Cuatro siluetas de colores que muestran las opciones si y no 

No sé si es que no me esfuerzo lo suficiente o qué es lo que ocurre, pero os aseguro que no doy más de mí. Ojalá hacer algo bien. En fin, voy a ver si consigo sacar algo en claro.

Hasta otro día.

7 feb 2026

¡Ay, diositos!

¡Buenas, buenas!

Vais a comprobar que soy muy desordenada y mi forma de organizarme es bastante caótica. Salto de un tema a otro sin haber terminado el primero con una facilidad pasmosa, siento decir que así es como funciona mi cerebro. Es como una especie de impulso y si no le hago caso, me bloqueo y no puedo continuar por más que me obligue. 

Pues bien, si las semanas anteriores mi obsesión se centró en los personajes y, sobre todo, en sus nombres, en esta la atención va para las religiones, los cultos y sus respectivos dioses. ¿Por qué? Pues no sé si tengo respuesta para eso, digamos que era su turno, sin más.

 


Os aseguro que me da muchísima pereza las historias en las que hay intervenciones divinas o en las que las creencias abarcan gran parte de la historia. No es un tema que me resulte interesante y, sin embargo, ahora es una parte importante de la trama, y no estoy muy contenta.

A ver, eso tiene fácil solución —me mira y hace el gesto de cortar con los dedos

Esto lo habré comentado demasiadas veces ya, pero mi idea era escribir una historia de un grupo de amigos que han de salir para hacer un par de recados y luego regresar a casa. Nada, ir y volver, sin más. No sé en qué momento comenzó a descontrolarse tanto. 

Cuando comencé, me juré que no tocaría el tema, ni para negar ni para afirmar que hubiese algún tipo de culto, no era importante. Por lo visto, tengo muy poca palabra y ninguna fiabilidad.  

Mientras planificaba, mi cabeza se puso a jugar inventando escenas y conversaciones. Hubo un momento en el que pensé que algún personaje debería decir un comentario del estilo de «¡Por los tentáculos de Cthulhu!», pero refiriéndose a algún dios propio. Y, claro, tuve que pensar un nombre para ese ser, y si tenía un nombre, había de ser dios de algo, tener un propósito. Por supuesto, ahora necesitaba un contexto y amiguitos dioses y, si había más de un dios, habría distintos cultos. Si había gente que los veneraba, habría sacerdotes, habría templos… Y así, amigas, es cómo me complico yo la existencia. 

Me enredé y me enredé, hasta que ya no supe salir y la cosa se fue de madre. Por una maldita ocurrencia, una frase aleatoria sin importancia, ahora tengo todo un cónclave divino que dirigir. 

 


Y, claro, todo ese trabajo lo quise incluir en la historia, había que aprovecharlo, y no veáis cómo lo aproveché. De anecdótico ha pasado a ser crucial en la trama, trasfondo y motivaciones de uno de los personajes relevantes, para que veáis lo fácil que pierdo el control sobre mis propios principios.

Pero eso no es todo, para que veáis hasta dónde llega el enredo, tengo pensadas otras dos historias relacionadas con estos dioses y sus cultos, que no verán la luz, al menos de momento. No caben aquí y me siento incapaz de llevarlas en paralelo a esta, estoy segura de que enloquecería si lo intentara.

Unos párrafos arriba, mi amiga ha sugerido que corte por lo sano, ya lo había pensado, pero ahora me resulta imposible. Lo he integrado tanto en la historia que, al hacerlo, perdería motivos, tramas e incluso explicaciones para acciones y decisiones de algunos personajes. Estoy atrapada, no he encontrado cómo reemplazarlo y lo poco que se me ocurría me parecía forzado o ridículo, así que me he rendido.

 —¡La has cagao! Ja, ja, ja… Espera…, ¿desde cuándo somos amigas?

Lo que me preocupa ahora es no saber cómo tratar bien el tema. Necesito que uno de los personajes sienta tanta devoción que todos sus actos y deseos estén influenciados por sus creencias. Pero no sé si seré capaz de presentarlo de forma que muestre su devoción, que sus actuaciones se vean justificadas por su forma de pensar, independientemente de si al resto les parecen actos malvados.

Al mismo tiempo, también me gustaría representar personajes que opinen todo lo contrario, incluso despreciando todo lo que tenga que ver con lo religioso. ¿Cómo logro esa diferenciación sin que este conflicto gane tanta importancia que anule la trama principal? Lo último que quiero es que se convierta en un conflicto teológico entre personajes, no sabría llevarlo y además me resultaría aburridísimo.

Tengo que ver la forma de aligerar el tema, tratarlo como un conflicto menor sin romper la historia, porque me está gustando lo que estoy construyendo, solo que siento que pierdo el control con demasiada asiduidad. ¡No se puede ser tan volátil, leñe! 

¿Por dónde corto? El problema será rellenar esos cortes de forma que tenga sentido, que tenga lógica y que resulte interesante, y nada de lo que se me ocurre me parece aceptable.

Una posibilidad que se me ocurrió, y que es bastante tonta e inservible, fue: en lugar de deshacerme de los dioses, quitarles el rango. Es decir, convertirlos en otra raza, una que fuera superior en poderes y otros aspectos. Habría ciertas personas que aceptarían esta superioridad y los venerarían. Pero me di cuenta de que era absurdo, primero porque los propios personajes los estarían convirtiendo en dioses aun cuando yo hubiese dejado de usar esa palabra, y segundo, en lugar de simplificar la historia, que es lo que pretendía, la estaba complicando porque debería crear una nueva explicación alrededor de esta opción. Las otras soluciones que se me ocurrieron no las recuerdo bien, pero estoy segura de que eran igual de inservibles.

Sé que tengo que simplificar, aplicar eso de: «menos es más», pero no sé ni por dónde empezar.  

No encuentro solución para esto, ni tampoco consigo decidirme, mis propios pensamientos comienzan a ser confusos y contradictorios.

¡Ay, diositos! Mandadme una señal, ¡plis!

Nos vemos en otra entrada, si es que sobrevivo. ¡Chao! 

1 feb 2026

Las razas en fantasía

¡Buenas!

Hoy vengo con una duda nueva.

—¿Otra? ¡Menuda sorpresa!

Por si no habéis leído la anterior entrada, estuve trasteando con los personajes: nombres y esas cosas. Ya que estaba metida en faena, me puse también a escribir algo de sus trasfondos, habilidades, apariencia… Asociado al aspecto, me vino la idea de las razas o los pueblos, que en la literatura fantástica es bastante habitual, aunque no imprescindible, claro.

Entonces me planteé si usarlas o no. Cuando la historia comenzó a formarse en mi cabeza, imaginé que algunos de los personajes no eran humanos, ya sabéis: elfos, orcos, goblins y demás criaturas del imaginario.

Pero ahora estoy en un punto en el que no sé si esta elección me ayuda o me limita a la hora de crear personajes o en el desarrollo de la narración. Además, está el tema de la originalidad, no es que el que sean humanos sea novedoso, me refiero al uso continuado de las mismas razas.

Tanto si las uso como si no, tengo la sensación de estar cayendo en uno de esos errores de «novatilla», de esos que dejan patente la inexperiencia de una, la falta de imaginación y, tal vez, las ganas de ofrecer algo interesante, y os aseguro que esto último no es el caso. Soy algo vaga y no muy constante, pero quiero sacar esto adelante, aunque me lleve una eternidad, pero sobre todo quiero hacerlo lo mejor que pueda.

Eso no tiene ningún sentido, te contradices tú sola.

 

 
 

Supongo que la pregunta que debería hacerme sería: ¿las razas son importantes para el progreso de la historia? La respuesta es que no, ni para la trama en general, ni para las secundarias, porque no hay ningún conflicto que aborde este tema concreto.

En realidad, no importa que un personaje sea, por ejemplo, un elfo, un gnomo o un humano; lo importante de ellos son sus habilidades y las capacidades para reaccionar a lo que sucede a lo largo de la historia. Los problemas que han de enfrentar no están relacionados en absoluto con el pueblo o la etnia a la que pertenecen.  

Entonces, ¿por qué establecerlas desde un principio? Esta respuesta es muy fácil: porque me gusta. Era incapaz de imaginar todo un mundo mágico habitado solo por humanos. 

Se puede ser humano y hacer uso de la magia, solo lo dejo caer.  

Cierto, pero resulta muy fácil dejarme llevar por el proceso de construcción del mundo e intentar meter cuanta cosa descabellada que se me pase por la cabeza. Aun así, creo que es necesario que deseche algunas ideas, comienzo a ser consciente de que estoy «creando» por encima de mis posibilidades. Debería comenzar a plantearme la necesidad de desechar cualquier elemento que no aporte nada relevante, tanto por el bien de la historia como de mi salud mental, y las razas podrían ser uno de esos descartes.

No consigo decidirme. ¡Ayuda!

 

Señor a punto de ahogarse en el  mar levanta un brazo pidiendo ayuda. Debajo hay un texto que pone: Help! Help!

 

He intentado razonar conmigo misma y resulta que soy un poco cabezota, pero he logrado llegar a algunas conclusiones. No sé hasta qué punto haya acertado, solo espero que me ayuden a decidirme por un camino u otro.

Por un lado, creo que señalar las razas, además de aportar variedad, ayuda a establecer los rasgos concretos y representativos de los distintos personajes. Podría tener un cometido simbólico o metafórico (que yo no sabría hacer), o ayudar en la trama: pueblos enfrentados, guerras, discriminación o represiones por cuestión de raza, son algunas de las cosas que se me ocurren. Básicamente me ayudaría a hacer descripciones más diferenciadas de cada personaje.

Por otra parte, pienso que al presentar a un personaje de una raza demasiado reconocible y común, me lleve a usarla de forma estereotipada, con los rasgos y capacidades establecidas, y me olvide de «innovar», de imaginar algo propio. 

 No, si aún se creerá que va a reinventar la literatura. Innovar, dice.

Si quisiera incluir en mi historia elfos, enanos y orcos, por poner un ejemplo, ¿qué se esperaría de ellos? Los elfos deberían ser los más bellos, los enanos estar siempre cabreados y los orcos ser desagradables y malvados. Y de eso es de lo que quiero huir, de que me fuerce a que todos los individuos de una raza sean clones. Por supuesto, a un escritor con suficiente experiencia o talento no le sucedería, pero para mí creo que sería fácil cometer este error. 

Parecería que lo tengo claro y que la decisión es fácil, pero no lo es, quiero razas distintas en mi historia, pero no sé cómo gestionarlo bien. Si su uso es meramente decorativo, si no aporta nada interesante, lo mismo me valdría que fueran todos humanos o al menos no darle importancia a ese rasgo. Eso es lo que dice mi cabeza, pero mi corazoncito y las horas que he pasado entre libros del género dicen lo contrario. Será que me he dejado influenciar demasiado. 

Antes de que me acecharan estas dudas, en los inicios de la creación de personajes les asigné algunas razas típicas y estaba feliz con mi elección. Después comencé a preguntarme si debería hacer algo para desmarcarme, algo que me distinguiera de los demás. Mirad si soy imaginativa y original, que solo se me ocurrió cambiar el nombre y modificar algunos atributos. Muchas de esas «nuevas razas» las descarté, eran ridículas, pero me llevó a inventar algunas que me gustan bastante.

 —Me parece que «inventar» es una palabra demasiado grande para este caso.

 Y ahora dudo de si sea conveniente usarlas. No me gustaría que me acusaran de «copiona».

—Qué va, mujer, si nadie te va a leer.

Son miedos muy absurdos, teniendo en cuenta que surgen de improviso, como las setas o las malas hierbas, aunque no tengan el más mínimo sentido.

Sé que haga lo que haga, recibiré críticas, unas malas y otras peores, y que no debería importarme, pero la cabeza funciona por sí misma, es difícil controlarla, y las dudas van surgiendo, yo qué sé.

En fin, que sigo indecisa, esta vez la turra no ha servido para despejar la mente y tomar una decisión. La razón me dice que no son necesarias y que, además, son complicadas, mientras que otra parte de mí, menos lógica y práctica, me anima a incorporarlas sea como sea. 

¿Qué hago? ¿Qué-ha-go? 

28 ene 2026

Dime tu nombre

¡Hola!

Aquí sigo, un día más, con la planificación y con los lloros, ninguna novedad. Reconozco que me gusta esto de venir y soltar todas mis miserias «escritoriles», me desahogo y además me sirve para reflexionar y motivarme.  

Sigo estancada con la mundografía, pero he decidido tomármelo con filosofía y paciencia, aparcarla un poquito y ponerme con otras cosas mientras se enciende la bombilla. La cuestión es avanzar por alguna parte, aunque es cierto que lo tengo todo algo desorganizado, ha de ser eso por lo que no avanzo. ¡Nah!

 


 

Entretanto me he puesto con los personajes. Los importantes los tengo más o menos claros, falta pulir un poco las fichas: trasfondos, motivos y motivaciones, y bueno, el resto de cosas que creo que voy a necesitar para presentarlos durante la historia, pero hoy no me ha apetecido profundizar demasiado. Bueno, sí, aún me falta mucho trabajo con ellos, para qué mentir, pero digamos que la motivación va ligada a si las ideas fluyen o no, y esta vez no ha sido el caso.

Por eso me he puesto a decidir qué hago con los secundarios y los figurantes (no sé si se les llaman así). Pienso que la mayoría no necesitarán una ficha muy completa, con unos pocos apuntes sobre el aspecto, tal vez dos líneas de trasfondo, dónde se encuentran y cómo se relacionan con alguno de los importantes, debería ser suficiente (lo más probable es que en otro momento les cree todo un pasado con árbol genealógico incluido). 

Aunque cueste imaginarlo, lo que más me está costando es ponerles nombres, no es que no les encuentre uno, tengo un montón (estoy aprovechando las listas), lo que me cuesta es decidirme, ¡me gustan casi todos! El problema es que cuando me gusta uno, tengo la sensación de estar «malgastándolo» con personajes que van a aparecer durante dos frases, así que lo descarto y lo reservo para otra ocasión, entonces he de buscar otro que no me guste tanto. Así puedo pasarme una hora sin darme cuenta. Lo de perder el tiempo se me da bastante bien.

Por cierto, he estado pensando.

¡Pensando dice, ja!

¡Hombre, tú por aquí!, te estaba echando de menos —me seco una lagrimita.

¿Cómo elegís los nombres para vuestros personajes? Nadie me ha preguntado a mí, pero lo voy a explicar de todas formas. He optado por algo sencillo, nombres en castellano, pero antiguos y a poder ser simples y cortos, así me evito complicarme la vida y olvidarme de cómo los he escrito. 

Sé que no es muy de fantasía que un personaje con apariencia élfica o de orco de la sabana se llame, no sé, Amparo, no queda ni épico, ni místico, ni mucho menos fantástico, pero es que no sabéis lo que me fastidia no poder pronunciar según qué nombres. 

Es decir, ¿es absolutamente necesario poner tres consonantes seguidas, un guion, un apóstrofe, no sé cuántas «h» intercaladas y caracteres vikingos para que luego se termine pronunciando como «Copito», por ejemplo? Que hay veces que no sé si es que la gente se dedica a aporrear el teclado y lo que salga lo da por bueno. No sé vosotras, pero yo a los dos minutos he olvidado cómo leches se llamaba tal personaje, o si ese era el malo o el amigo del prota. 

Ea, a, ya pasó, no se me enfurruñe, anciana, que le sube la tensión… 

Es una queja de señora mayor, que es lo que soy, pero no sé de donde viene esta moda. Entiendo que no llames a tus protas venidos del espacio exterior María y Pepe, pero digo yo que algo entre medias podrás encontrar; yo las imagino consultando en la ficha cada dos por tres cómo se escribía el nombre, «¿Qué iba primero, la «q», la «z» o la «k»?». Es lo que haría yo, seguro.

Yo también he inventado un par de nombres, pero he procurado que se entendieran en castellano, pero sobre todo que fueran fáciles de recordar. ¡Uy!, esto último ha sonado muy prepotente y a superioridad moral. 

Olvidad lo que os he dicho, no iba en serio, de verdad. Escribid como queráis, disfrutad escribiendo y leyendo, sed felices construyendo vuestro mundo y a sus habitantes y llamadlos como más os guste. Lo que pasa es que soy un poco vaga y quiero tener que pensar lo justo y necesario, no es original ni novedoso, pero sí bastante cómodo.

Hay otra forma de poner nombres que me causa cierta gracia y que no había pensado en usar hasta ese instante (veis, dar la turra me sirve para pensar y que se me ocurran cosas). Es cuando a los personajes les ponen nombre de cosas, cosas útiles, animales, partes del cuerpo… Recuerdo leer, hace muchísimos años, un libro, no sabría decir el título, en el que el protagonista se llamaba algo así como «Gaviota» y tenía una hermana que se llamaba «Mangas Verdes», no estoy segura de si eran así exactamente, pero eran parecidos. Claro que también creo que debe haber una razón para llamarles así, por suceder algo en concreto durante su nacimiento o por una característica física, no sé. 

Acabo de caer en la cuenta: Caperucita, Cenicienta, Pulgarcito… Sí, no soy muy espabilada.

 De verdad, no puedo contigo…

Me viene a la memoria otro libro que usaba nombres de cosas o, incluso, de profesiones, pero la sensación que tuve en ese momento es que su elección era muy aleatoria, porque solo lo usaba para los personajes secundarios o poco importantes y era algo así como «Casilla 23», «Escalón», «Hijo de panadero», «Botella de agua». Parecía que quien lo escribió mirara a su alrededor y pusiera de nombre lo que tuviera cerca, la verdad es que me resultó chocante en exceso y en ese caso no me gustó la idea, de alguna manera lograba sacarme de la historia. 

Supongo que todo tiene un límite y todo ha de tener un sentido o algún tipo de lógica, es otra enseñanza para ser «escribiente» que me llevo hoy. Me aplicaré el cuento e intentaré no caer en ese error (por descontado habrá muchos otros en los que caeré sin ser siquiera consciente).

Ale, después de los lloros y la pataleta, me voy a leer un ratito. Esta novela que tengo entre manos me tiene intrigada. ¿Conseguirá Qr'Fedee-rihco reparar la nave a tiempo para terminar su trabajo y, además, llevar a RRoos-sahu'ura al baile en la estrella Kp'Bril·lahan-tina?

 


 

Escribid mucho. ¡Nos vemos pronto!

23 ene 2026

Comparaciones

 ¡Hola de nuevo!

¿Otra vez por aquí?… ¿Tan pronto?me dice y su voz suena cansada, derrotada.

Pues sí, aquí estoy otra vez, de vuelta con más planificación, más mundografía, más dudas y más lloros. Y es que lo de la creación del mundo me trae un poco por el camino de la amargura, hay un montón de cosas que me imagino, pero que parece que no soy capaz de plasmar. Siento que todo lo que quiero puntualizar, explicar o describir, no es exactamente lo que veo en mi mente, cuando quiero exportarlo al papel, o en este caso, a la pantalla. Creo que me faltan palabras, o la conexión entre mi cerebro y mis manos se rompe y estas escriben solo la mitad de la información, no sé. Decidme, por favor, que no estoy loca y entendéis lo que quiero decir.

Ehhh, sss… no, ni idea de que hablas.

Además, a mi cabeza ahora le ha dado por querer compararse, es la locura máxima, con obras que he leído. No tiene ningún sentido, soy totalmente inexperta, hace años que no escribo nada, sé que tengo un montón de cosas que me limitan y que he de aprender, y practicar. Aun así, el estar leyendo un libro de fantasía, una saga en realidad, me hace sentirme más incapaz si cabe. 

No sé si los habéis leído, me refiero a la saga de «Sangre y cenizas» de Rebecca Yarros. 

  

 

No sabía que te iban ese tipo de novelas… —dice con un tonito que no sé descifrar.

No es el tipo de lectura que me gusta, la novela romántica no va mucho conmigo, pero me apetecía volver a la fantasía. Llevaba bastante tiempo leyendo novela negra y quería regresar a mi género favorito. El problema es que la biblioteca de aquí es muy pequeña, encantadora, pero con recursos y espacio limitados, y las novelas de fantasía que no sean para niños son muy escasas. Era esto o regresar al «El hobbit» o a «El señor de los Anillos» y, aunque me encantan, quería algo nuevo. 

¿Sabes que existe e-Biblio, verdad?

No voy a entrar en si es buena o mala (ni sé hacer un análisis, ni una reseña, tampoco es mi intención). Yo misma creía que la dejaría abandonada incluso antes de empezar a leerla. Lo cierto es que, obviando la parte del romance que es bastante predecible (y a veces algo soez, a mi parecer) y algún que otro fallo más, me está gustando. No está entre mis lecturas favoritas, pero sí ha logrado engancharme. 

Lo que más me gusta es el mundo que ha construido, la relación de los dragones con los humanos, la magia con sus limitaciones, las facciones que crea y que, pienso, están bien delimitadas, también cierta ambigüedad en quiénes son los villanos, el pasado de ese mundo… Me da la sensación de que la autora no ha dado excesivos detalles, solo unas pocas pinceladas, y aun así se siente lleno. 

Hay otro libro que leí hace ya unas cuantas semanas y del que envidio su mundo, «Salitre y cenizas» de Carlos Di Urarte, bueno, en realidad lo envidio todo: el mundo, los personajes, la trama, el ambiente que crea, cómo escribe el autor. Todo, ¡TODO! De esta novela sí puedo decir que me ha encantado. Dudo de que no lo conozcáis, pero si ese fuera el caso, no lo dudéis, merece mucho la pena, soy incapaz de ponerle un pero. Carlos retuerce la realidad para crear un ambiente lúgubre, hostil, peligroso y mágico y, a la vez, con esa «vidilla» que yo no logro modelar. Es extraño cómo configura todos esos conceptos, con tintes oscuros, opresivos, al tiempo que deja un resquicio, diminuto, pero que se deja sentir, para la luz, para la esperanza y para una incertidumbre que te atrapa sin que tengas opción a escapar. En fin, lo odio y lo admiro al mismo tiempo.

 

 

¿Por qué el mío no es así? Eso es exactamente a lo que mi cabeza le está dando vueltas sin parar. Tengo un batiburrillo de sentimientos demencial, estoy contenta por estar leyendo libros que disfruto, un poco enfadada conmigo misma por estar bloqueada y no avanzar, envidiosa (no una envidia asesina, ¿eh?) por no lograr lo mismo, me refiero a la construcción del mundo, no a la pasta que habrán ganado, aunque…, y triste porque no sé cómo solucionarlo.

Así que aquí estoy, frente a la pantalla, sin saber qué hacer y con un caldito de pollo calentito entre las manos, que si no inspira, al menos reconforta.

Pretendía continuar con la planificación, pero no me siento con fuerzas para volver a enfrentarme a este mundo. Seguiré con la lectura mientras me lamento por mi ineptitud. 

Que os vaya bien. ¡Hasta la próxima! 

21 ene 2026

Construir un mundo

¡A las buenas! 

Increíble, esta es la tercera entrada del blog y aún no me he dado por vencida. Seré sincera, no soy una persona muy constante, así que cuando se me ocurrió la idea de comenzar esto pensé que escribiría una o dos entradas como mucho y luego lo abandonaría, pero aquí sigo, dando la tabarra. 

Hurraaa. Qué afortunados somos… —agita un pompón con desgana.

 

La palabra «sarcasm» escrita con fichas del «Scrabble»

 

He estado un ratito trasteando con la planificación y me he tomado un descanso para contar qué es lo que estoy haciendo ahora, y también para llorar un poquito, la verdad. Creo que venir aquí a llorar se va a convertir en mi nuevo pasatiempo.

Como he dicho, sigo con la planificación, más concretamente con la creación del mundo, lo que en todos lados leo como worldbuilding, pero que yo voy a llamar mundografía, que me resulta más sencillo. 

Estoy intentando crear todo un escenario donde ubicar a los personajes y todo lo que les va a ocurrir, pero por el momento me resulta vacío. Sé que en la entrada anterior dije que podía sumergirme en el ambiente y perderme por cada rincón, eso es cierto, pero también es cierto que, a pesar de todos los detalles, no lo siento vivo. 

No sé cómo explicarme mejor, la sensación es de estar dentro de un decorado de cartón y papel pintado. Los personajes se mueven, pero los habitantes y el ambiente se mantienen estáticos, como esperando para no estorbar. ¿Me entendéis?

¡Pero si no te entiendes ni tú! —dice frustrada.

He creado cada población y a sus gentes, quiero ver cómo viven, qué hacen, a dónde van, con quién hablan, pero no hay nada que me indique que están vivos, solo están ahí, planos y grises. Tengo la impresión de estar moviendo a los personajes por un tablero de parchís.

He imaginado los bosques, los ríos, mares y lagos, pero no logro que las aguas fluyan, ni que el viento las agite, no hay peces saltando, insectos sobrevolándolos o animales acercándose a beber, está todo quieto y es terrible.

No sé si es solo mi cabeza, si se debe a mi inexperiencia o si me falta algo concreto y esencial que no veo. ¿Cómo voy a poder encontrar la solución si no sé dónde está el problema? 

No me malentendáis, me gusta lo que estoy construyendo, solo que siento que no está completo, le falta «vidilla». Cabe la posibilidad de que cuando comience a escribir la aventura y los personajes interactúen con otras gentes, con lo que les rodea, mi percepción cambie, eso espero al menos. ¿Qué se va a esperar de una historia si la propia autora no es capaz de sumergirse en ella?

Estoy muy perdida. ¡Socorro! 

 

La silueta de un caballero confuso parado frente a un poste con diferentes direcciones

A todo esto, y perdonadme que cambie de tema, me ha surgido una duda: ¿sería conveniente hacer un mapa de por dónde se van a mover los personajes? 

Porque he estado viendo algunos y son chulísimos, pero no sabría cómo hacerlo. Y no solo por darle la forma, tampoco cómo colocar las ubicaciones en su sitio. En mi cabeza los personajes viajan en línea recta, un lugar, después otro y más tarde el siguiente, claro que no lo describiré así, pero tengo esa imagen dibujada en la mente.

He probado a crear uno usando páginas gratuitas y alguna aplicación, pero el resultado ha sido penoso, no por los programas, sino por mi poca pericia, por supuesto.

Voy a ver si encuentro solución a mi estancamiento respecto a la construcción del mundo, o haré como hago siempre: dejarlo de lado por el momento y esperar que venga la inspiración, si es que le apetece. Ya os contaré. 

Hasta la próxima entrada. 

 

18 ene 2026

Planificar, mis primeros pasos

¡Buenas!

Primera entrada (sin contar la de presentación) y primeros lloros. ¡Viva! 

Planifica tu historia/novela. Ese es uno de los primeros consejos dirigidos a personas que quieren iniciarse en el fascinante arte de la escritura y es justo lo que he hecho. Bueno, más o menos.

 

Una libtera abierta y la mano de alguien, que no se muestra, con un boligrafo escribiendo algo
 

Antes cuando me ponía a escribir cualquier relatillo lo hacía sin preparar nada, simplemente escribía las cosas que se me iba ocurriendo, sin más. Supongo que era eso que llaman una «escritora» de brújula, aunque yo me bautizaría como «escritora» que no tiene ni idea.

¡Uy! Seguro que eran buenísimos…comenta y percibo en sus palabras una nota sutil de sarcasmo.

Sin embargo, cuando comencé a trabajar en este proyecto fue un caos tremendo porque contaba con demasiados elementos: personajes, criaturas, paisajes…, y era imposible recordarlos todos. Ese es el motivo por el que comencé a visitar blogs destinados a escritores novatos y a leer algunos libros sobre el tema; en e-Biblio hay unos cuantos.

Y que diferencia cuando comencé a aplicar esos consejos, fue como ver un rayo de luz abriéndose paso entre las ramas de los árboles en un bosque antes oscuro y tenebroso.

¿Estás segura de que quieres escribir? Tal vez deberías dedicarte a otra cosa, no sé, a pintar conchas, por ejemplo.

Poner orden al revoltijo de ideas que se agitan y se mezclan sin ton ni son por esta mente, me ha permitido crear un «mundo» más verosímil y, creo que, interesante, alrededor de la historia. Voy a decir que es una parte del proceso que estoy disfrutando muchísimo, planificar me gusta mucho más de lo que hubiese pensado.

Soy capaz de, cerrando los ojos, sumergirme en los diferentes escenarios, recorrer los caminos, admirar los paisajes y observar a los habitantes. He podido crear una historia más general, donde sucederán las aciones, los conflictos, donde florecerán amistades, donde se romperán corazones y se llorarán perdidas. Inventar cada aspecto, cada detalle por diminuto o insignificante que parezca, está resultando una delicia. Incluso recordarlo mientras escribo esta entrada me resulta placentero. Quien diría que este gozo se convertiría en un problema.

Admitiré que tanta planificación, tanta idea ligada con otra, tanta invención, se me está yendo de las manos.

—¡Increíble! ¿Cómo puede pasarte eso a ti?

 

Mujer con los hombros levantados en signo de confusión  

 *Nunca pilla los comentarios sarcásticos.

 

Me he centrado tanto en buscar información de todo tipo, en mostrar cada peculiaridad, en explicar las razones de cualquier cosa, en inventar orígenes y principios y en inventariar todo lo que pertenece al mundo, todo lo que rodea a la historia, que me he olvidado de planear la historia. 

¿Una muestra? Tengo una lista de nombres listos para usar en caso de que necesite crear un nuevo personaje, probablemente sean más de doscientos, nombres de diferente origen, de diferentes tiempos, de diferentes significados. Tengo otra de apellidos, aunque es más corta. Una con nombres para lugares, pueblos, regiones, bosques, comercios… Una lista con profesiones, otra con más de cien insultos antiguos, una con animales y criaturas, una más para religiones, una para dioses y otra más para razas… . ¿No hace falta que siga, verdad?

Pero, ¿estás loca?

Que diréis: mujer, tiene sus ventajas, si necesitas, por ejemplo, crear un personaje nuevo, en lugar de destrozarte las neuronas buscando un nombre, vas a la lista, eliges uno y listo, rápido y sencillo (¡mis coj...!). 

Bueno, tal vez no sea del todo inútil, pero ¿y las listas de recetas antiguas?, ¿o la de plantas y flores y sus propiedades?, ¿o la de gemas y sus significados?, ¿o la de leyendas, mitos y supersticiones que probablemente no voy a usar…? Es una maldita locura, lo confieso, pero cuanto me estoy divirtiendo.

Creo que a este paso, la planificación se me va a hacer eterna, temo que nunca termine y nunca me ponga a escribir. 

Como ya he dicho antes, el mayor problema es que no estoy planificando la historia concreta que quiero escribir, que es en lo que en realidad debería centrarme. Tengo alguna cosa, conflictos, objetivos, motivaciones de algunos personajes, incluso he logrado ligar las diferentes tramas en algún punto, eso sí, está cogido por los pelos. 

Algo bueno, creo: sé cómo empieza la historia y como va a acabar, parece poco, pero es un punto desde el que partir, eso creo. Lo que me resulta complicado, y supongo que por eso lo voy retrasando, es todo lo del medio. Unir las tramas, que he tenido que cambiar y reducir en varias ocasiones, que ocurran cosas trascendentes que me lleven hasta el final que quiero, no solo que los personajes vayan de un lugar a otro, eso es lo que no consigo hacer.

¿Será que no sabes planificar?, o ¿qué, en realidad, no tienes clara la historia?  

Ambas, probablemente. También he pensado que he querido ser demasiado ambiciosa, creando algo demasiado grande, complejo, que no sé manejar. No sé si seré capaz de simplificarlo, ser lo suficientemente consciente de todo lo innecesario, concretar, dejar de perderme en un mundo creado a mi medida y centrarme. 

Iré ahora a ver si logro arreglar un poco ese desaguisado, tengo la planificación como la habitación de cuando era adolescente, todo tirado de cualquier manera, todo mezclado, sin saber que es lo que sirve y lo que no. Mi orden necesita más orden.

Cruzad los dedos por mí. ¡Adiós!

¿Por donde empiezo?

¡Hola! 

Os doy la bienvenida al blog de la duda eterna, de las ideas inconexas y de los sinsentidos más variados, en el que quiero compartir mi proyecto de escritura.

—¡Nadie quiere saberlo!

Decidí comenzarlo como una especie de diario donde exponer todas las dudas, que no son pocas, las frustraciones, que me desquician, y los problemas que van surgiendo, que yo misma creo, en mi miserable intento de convertirme en «¿escritora principiante?».

Mi nombre es Lluci y no tengo muy claro qué es lo que estoy haciendo y mucho menos si estoy haciendo algo bien (así, en la vida en general). Eso es todo, no creo que el resto de cosas que forman mi ser: gustos, preferencias o aficiones, sea de interés para alguien, si fuera así, pregunta, tal vez pueda responder, tal vez no. 

—¡Antipática!

 

Niña sacando la lengua y asomandose entre dos árboles.

 

¿Y por qué un blog?
 
    Pues porque no tengo a nadie a quien le interese escuchar esta turra, y necesitaba un lugar donde descargar la frustración y el desánimo. Además, cabe la posibilidad, muy remota, de que alguien pase por aquí, lea mis desvaríos, se apiade de mí, y comparta conmigo una idea, un consejo o una simple palabra de ánimo. También acepto regañinas y capones, si eso me ayuda a ordenar la mente y a centrarme.

 
¿Qué es lo que intento escribir? 
 
    Una historia (de fantasía) que lleva rondando por mi cabeza algún tiempo. El problema: mi total desconocimiento de cómo abordar el asunto para que no resulte un bodrio aburrido, incomprensible y sin sentido. 

¿Qué tengo hasta ahora? 
 
    Poco, la verdad. Una idea que ha ido creciendo; al principio solo quería escribir un relato de un par de páginas, y se me ha ido de las manos. También he planificado y organizado algunos puntos. Es aquí donde surge esa cantidad ingente de dudas (tengo muchas más acerca de como redactar la historia, por supuesto, pero esos serán problemas para el futuro).
 

¿Cómo se me ocurrió?

    Todo comenzó viendo una partida online de rol, una muy divertida y con un humor un tanto absurdo e ingenuo, casi infantil, y tuve la necesidad de inventar una aventura así para mí, para esa vida imaginaria en la que la magia existe, todo es sencillo y nunca ocurre nada malo. 
La primera idea fue así: escribir sobre las idas y venidas de un grupo de aventureros inexpertos que quieren resolver un pequeño desaguisado que ellos mismos han causado. Simple, no debería ocupar más de un par de páginas. 
Con el tiempo, la historia creció y dejó de ser tan descabellada e inocua. No quería perder la inocencia de los personajes, pero el asunto que debían resolver era más serio. A la aventura se sumaron nuevos personajes, desaparecieron otros, la trama se complicó y aparecieron otras secundarias. Y, sin darme cuenta, había creado todo un mundo con historia propia, con creencias, leyes, pueblos y razas distintas… . Ahí comenzaron mis problemas. 

 
Pero, ¿has escrito algo alguna vez?
 
    De hecho, sí. Hace 200 años, cuando era niña y durante mi adolescencia, me entretenía escribiendo relatos y cuentos (bastante tontos) que dejaba leer a mis amigas y a mi padre, el único que compartía mi afición por la escritura y también por la lectura. No significa que se me diera bien, claro. 
En algún momento dejé de hacerlo, perdí la costumbre o simplemente me cansé. Aun así, siempre he tenido alguna que otra historia rondándome por la cabeza que me he guardado para mí, que nunca he pasado a papel. 

  

Librito con la forma del sol hecho con cartulina, folios grapados y rotuladores. Interior del librito, aparecen dibujos de lunas soles y estrellas hechos por una niña sin mucho talento artístico.

*Este fue un cuento que escribí cuando estaba en primaria y que aún conservo. 

Es horrible, lo sé.

 

Con esta última historia (aventura la llamo) siento que han vuelto las ganas de escribir. No sé si la compartiré, eso ya lo decidiré más adelante, pero quiero verla escrita, me gustaría mucho y quisiera hacerlo lo mejor que pueda. 
 

He leído libros sobre escritura de diferentes autores, sigo a varios blogs y a autores en redes que dan consejos de escritura, de planificación, de estilo, etc., además de un montón de herramientas que deberían ayudar. He intentado seguirlos lo más rigurosamente posible y, aun así, todo me resulta complicado, un completo caos. Estoy atascada y es por eso que decidí comenzar este blog.
 
—A mí me parece más un intento de retrasar el ponerte a escribir.

—¡En absoluto! ¿Qué sabrás tú? —miro hacia otro lado.

—¡Apúntate a un curso de escritura! —dijo alguien (mentira).

—Me gustaría, pero aquí una sufre un poquito de ansiedad social (sí, en online también) y, además, la situación no está muy allá —lloro en pobre.

—Y ¿todo lo que escribes va a ser así de tonto? — hace una mueca de desagrado.

—Tenlo por seguro —afirmo sonriendo de forma bobalicona.

 
*Cierto, los diálogos tampoco se me dan bien.


—Y bueno, en lugar de perder el tiempo aquí, ¿no crees que deberías seguir informándote, practicando, seguir con la planificación, etc.? 

—Debería, pero también necesitaba un desahogo y, por el momento, aquí no molesto a nadie, eso espero.
 
Tengo la esperanza de que, exteriorizando todas esas dudas, encuentre la forma de resolverlas. 

Supongo que ya se verá.