¡Hola de nuevo!
—¿Otra vez por aquí?… ¿Tan pronto? —me dice y su voz suena cansada, derrotada.
Pues sí, aquí estoy otra vez, de vuelta con más planificación, más mundografía, más dudas y más lloros. Y es que lo de la creación del mundo me trae un poco por el camino de la amargura, hay un montón de cosas que me imagino, pero que parece que no soy capaz de plasmar. Siento que todo lo que quiero puntualizar, explicar o describir, no es exactamente lo que veo en mi mente, cuando quiero exportarlo al papel, o en este caso, a la pantalla. Creo que me faltan palabras, o la conexión entre mi cerebro y mis manos se rompe y estas escriben solo la mitad de la información, no sé. Decidme, por favor, que no estoy loca y entendéis lo que quiero decir.
—Ehhh, sss… no, ni idea de que hablas.
Además, a mi cabeza ahora le ha dado por querer compararse, es la locura máxima, con obras que he leído. No tiene ningún sentido, soy totalmente inexperta, hace años que no escribo nada, sé que tengo un montón de cosas que me limitan y que he de aprender, y practicar. Aun así, el estar leyendo un libro de fantasía, una saga en realidad, me hace sentirme más incapaz si cabe.
No sé si los habéis leído, me refiero a la saga de «Sangre y cenizas» de Rebecca Yarros.

—No sabía que te iban ese tipo de novelas… —dice con un tonito que no sé descifrar.
No es el tipo de lectura que me gusta, la novela romántica no va mucho conmigo, pero me apetecía volver a la fantasía. Llevaba bastante tiempo leyendo novela negra y quería regresar a mi género favorito. El problema es que la biblioteca de aquí es muy pequeña, encantadora, pero con recursos y espacio limitados, y las novelas de fantasía que no sean para niños son muy escasas. Era esto o regresar al «El hobbit» o a «El señor de los Anillos» y, aunque me encantan, quería algo nuevo.
—¿Sabes que existe e-Biblio, verdad?
No voy a entrar en si es buena o mala (ni sé hacer un análisis, ni una reseña, tampoco es mi intención). Yo misma creía que la dejaría abandonada incluso antes de empezar a leerla. Lo cierto es que, obviando la parte del romance que es bastante predecible (y a veces algo soez, a mi parecer) y algún que otro fallo más, me está gustando. No está entre mis lecturas favoritas, pero sí ha logrado engancharme.
Lo que más me gusta es el mundo que ha construido, la relación de los dragones con los humanos, la magia con sus limitaciones, las facciones que crea y que, pienso, están bien delimitadas, también cierta ambigüedad en quiénes son los villanos, el pasado de ese mundo… Me da la sensación de que la autora no ha dado excesivos detalles, solo unas pocas pinceladas, y aun así se siente lleno.
Hay otro libro que leí hace ya unas cuantas semanas y del que envidio su mundo, «Salitre y cenizas» de Carlos Di Urarte, bueno, en realidad lo envidio todo: el mundo, los personajes, la trama, el ambiente que crea, cómo escribe el autor. Todo, ¡TODO! De esta novela sí puedo decir que me ha encantado. Dudo de que no lo conozcáis, pero si ese fuera el caso, no lo dudéis, merece mucho la pena, soy incapaz de ponerle un pero. Carlos retuerce la realidad para crear un ambiente lúgubre, hostil, peligroso y mágico y, a la vez, con esa «vidilla» que yo no logro modelar. Es extraño cómo configura todos esos conceptos, con tintes oscuros, opresivos, al tiempo que deja un resquicio, diminuto, pero que se deja sentir, para la luz, para la esperanza y para una incertidumbre que te atrapa sin que tengas opción a escapar. En fin, lo odio y lo admiro al mismo tiempo.

¿Por qué el mío no es así? Eso es exactamente a lo que mi cabeza le está dando vueltas sin parar. Tengo un batiburrillo de sentimientos demencial, estoy contenta por estar leyendo libros que disfruto, un poco enfadada conmigo misma por estar bloqueada y no avanzar, envidiosa (no una envidia asesina, ¿eh?) por no lograr lo mismo, me refiero a la construcción del mundo, no a la pasta que habrán ganado, aunque…, y triste porque no sé cómo solucionarlo.
Así que aquí estoy, frente a la pantalla, sin saber qué hacer y con un caldito de pollo calentito entre las manos, que si no inspira, al menos reconforta.
Pretendía continuar con la planificación, pero no me siento con fuerzas para volver a enfrentarme a este mundo. Seguiré con la lectura y mientras me lamento por mi ineptitud.
Que os vaya bien. ¡Hasta la próxima!